Por otra parte, se trata de una disciplina que está cambiando y que ahora requiere mucha mayor especialización.
La actividad profesional de la administración se extiende a todo el sector inmobiliario. El viejo concepto del administrador que se limitaba al cobro de los alquileres y después a gestiones elementales en la propiedad horizontal, como la secretaría de las juntas de propietarios, está superado.
Su campo de actuación abarca todo el sector inmobiliario: arrendamientos rústicos, arrendamientos de fincas urbanas y solares, gestión de inmuebles de propiedad horizontal, centros comerciales, constitución de cooperativas de viviendas y de comunidades de propietarios para la construcción de sus propias viviendas, los nuevos complejos urbanísticos que están naciendo (urbanizaciones, mancomunidades...), gestión de las entidades colaboradoras urbanísticas previstas en la Ley del Suelo (asociaciones administrativas de contribuyentes, entidades de conservación y juntas de compensación).
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Las cualidades de un buen administrador de fincas pasan por una buena preparación académica y mucha dedicación ya que, por regla general, es un profesional a tiempo completo. En otras palabras, es como el médico de guardia de los edificios.
Por ejemplo, nadie puede saber cuando se va a filtrar agua en un inmueble y además los vecinos siempre colocan las reuniones en horario nocturno. El administrador ha de estar disponible para todo.
Para ejercer de administrador de fincas ha de estar colegiado o lo que es lo mismo, estar en posesión del título que otorga el Consejo General de los Colegios Oficiales de Administradores de Fincas, que está en Madrid.
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